¿Cómo responder desde la acción cultural a la crisis y al malestar expresado por los indignados?


En época de crisis repensar los paradigmas que sustentan la razón de ser de los proyectos culturales es especialmente crucial. Colectivamente no tenemos derecho a malgastar los escasos recursos materiales y simbólicos existentes. Pero desde un punto de vista personal y profesional cada uno debe ser consciente y tomar decisiones respecto aquellos proyectos en los que quiere destinar sus ilusiones, energías y capacidades. En circunstancias normales, nuestra labor como profesionales consiste en intentar hacer viable, en su triple dimensión social, cultural y económica, aquellos proyectos que nos han encargado o que nosotros mismos hemos puesto en marcha. Noble intención que forma parte del ADN de los gestores culturales más exigentes y comprometidos.

Sin embargo, por más legítimos que sean todos y cada uno de estos proyectos, encuentro a faltar en nuestro país una reflexión colectiva sobre el orden de prioridades de todo aquello que durante los últimos treinta años hemos puesto en marcha en el ámbito cultural. Durante todo este período, los recursos globales con los que se ha contado no han parado de crecer y el paisaje cultural resultante se ha ensanchado considerablemente desde todos los puntos de vista: geográfico, social, artístico, tecnológico o patrimonial. La abundancia de recursos (sin precedentes históricos) y la enorme (aunque a veces atomizada) pluralidad de iniciativas no ha permitido, sin embargo, cuestionar el verdadero coste-beneficio global y el impacto de cada proyecto al conjunto de la vida social y cultural. La situación actual de enormes dificultades, de recortes lineales sin apenas priorización de los presupuestos públicos y de aniquilación de iniciativas encomiables obliga a repensar los paradigmas sobre los que realimentar la acción cultural.

Durante todas estas semanas desde que comenzó el fenómeno de los indignados he estado pensando cuál debía ser la respuesta que nos exigían no sólo los que estaban acampados en las plazas sino aquella gran cantidad de personas que comparten la rabia social acumulada.[1] Los gestores culturales, así como los formadores e investigadores de este campo, no podemos observar desde la barrera, sino que nos toca implicarnos desde las diversas plataformas que la sociedad nos brinda. Cada uno desde su organización, pequeño o gran proyecto, situación más o menos estable o precaria profesionalmente, debe cuestionar el sentido de lo que está haciendo y exigir la máxima rentabilidad a los recursos colectivos –públicos o privados– de que dispone. Nos toca relegitimarnos ante la sociedad, ya que de poco sirve protestar por los recortes si al mismo tiempo no nos exigimos a nosotros mismos.

Con este objetivo en mente, desde el Programa de Gestión Cultural de la Universitat de Barcelona os proponemos reflexionar colectivamente y en profundidad sobre los paradigmas que nos deben permitir realimentar la acción cultural del futuro, nuestra respuesta a la crisis de prioridades que nos rodea. Para los próximos 15 y 16 de septiembre próximos estamos organizando en Barcelona unas jornadas tituladas "Paradigmas de futuro para realimentar la acción cultural". Estas se centrarán en cinco grandes cuestiones clave para el futuro de la gestión cultural lideradas por un pensador a quien hemos encargado un documento inicial de diagnóstico que será contrastado desde la praxis cotidiana por varios gestores culturales de base. Los temas propuestos son:

        el retorno al valor intrínseco de la cultura (reflexión inicial por Xavier Fina).
        el papel de la memoria y las identidades híbridas en las sociedades globalizadas posmodernas (reflexión inicial por Xavier Roigé).
        el reto de la revolución digital en la producción, el intercambio y el consumo cultural (reflexión inicial por Dolors Reig).
        el papel de la experiencia creativa y las expresiones artísticas (reflexión inicial por Carles Guerra).
        y, como colofón de todos ellos, el valor social de la cultura (reflexión inicial por Joan Subirats).

Cada una de estas sesiones, que serán preparadas previamente de forma conjunta por parte de los diversos ponentes, se abrirán al debate con los asistentes a las Jornadas. Estas se cerrarán con una sesión de síntesis a cargo de Àngel Mestres.

Todo el mundo con ganas de reflexionar y discutir está convocado. Durante las próximas semanas encontraréis más información en www.ub.edu/cultural

Os esperamos!


[1] Recomiendo el análisis de Manuel Castells en La Vanguardia sobre la dimensión social del fenómeno de los indignados.

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