Por un cambio del modelo de gobernanza y de prioridades en la distribución de los presupuestos públicos de cultura



El pasado 30 de setiembre publiqué en catalán un texto con este mismo título para reflexionar sobre la necesidad de actualizar profundamente las políticas culturales de Cataluña. Algunos amigos me han pedido que adaptara la versión a la realidad española[1] (y algunos de sus aprendizajes a la heterogénea realidad y políticas culturales de Latinoamérica). Aquí va el intento.

En el último congreso de ENCATC[2] en Bucarest profesores de la Universidad de Mälmo me cuentan un ejercicio realizado con el equipo municipal de su ciudad. Se les propuso replantear de cero el presupuesto cultural, suponiendo que no tuviera ningún coste cerrar programas y equipamientos de larga trayectoria, con equipos y audiencias consolidadas. El resultado después de una larga deliberación por parte de los responsables municipales fue no modificar significativamente las prioridades ni el presupuesto de cultura municipal. ¿Qué razones pueden explicar dicha reacción teniendo en cuenta la rapidez con la que cambian los comportamientos y las necesidades culturales? Quizás, la política cultural de Mälmo ha sido históricamente tan dinámica, ha sabido reinventarse y dejar atrás las herencias no adecuadas o poco eficaces del pasado por lo que, hoy, la distribución de su presupuesto y el listado de sus programas responden adecuada a las necesidades contemporáneas. O, en sentido contrario, tal vez nos encontramos ante unos profesionales con unas prioridades y valores conservadores, con una relación endogámica con el sector, que no les permite cuestionar la tipología y proporción de recursos dedicados a bibliotecas, museos, medios de comunicación, festivales, mediación intercultural o apoyo a la industria cultural local.

Si llevamos el debate a la realidad española, probablemente muchos compartimos la opinión que las políticas públicas de apoyo a la cultura son particularmente continuistas y que podrían ser extremadamente mejorables. Los actuales programas de apoyo y las políticas culturales que los sustentan son el resultado de un proceso acumulativo, poco crítico y escasamente actualizado, respecto de un contexto y unas necesidades cambiantes. En aquellos casos donde se ha cerrado un equipamiento o dejado de hacer un programa, ha sido más fruto de la necesidad de recortar las partidas con menor coste político, que una respuesta estratégica para alcanzar de forma eficaz, eficiente y equitativa unos objetivos definidos tras un reposado ejercicio de diagnóstico. En España, los fundamentos de la actual política cultural se ponen en marcha hace casi cuarenta años, en 1979, con los primeros ayuntamientos salidos de elecciones democráticas después de la muerte del dictador. En este período, las formas de expresión, consumo y participación cultural han cambiado radicalmente empujadas por el acelerado proceso de transformación tecnológica (digitalización y en ciernes las nuevas aplicaciones de inteligencia artificial), cambio de valores en una sociedad mucho más multicultural (acelerado por el envejecimiento progresivo y los flujos de inmigración extranjera), y la globalización de los mercados y los flujos internacionales.

La mayor parte de los presupuestos públicos se destinan a mantener las infraestructuras culturales de titularidad pública (televisiones, museos, teatros, auditorios, bibliotecas o casas de cultura). A pesar de que una parte de estos recursos se utilizan para contratar o adquirir obras y servicios producidos por el sector privado (series televisivas, películas, producción de exposiciones, espectáculos o libros) la parte del león se dedica a pagar salarios y mantener los equipamientos públicos (o hasta antes de la crisis, a construir y equipar nuevas infraestructuras sin una planificación racional). El resultado observando los presupuestos de muchas administraciones públicas es que quedan muy pocos recursos para promover las iniciativas independientes. Unas migajas miserables que se distribuyen con escasa priorización y eficiencia (el costo de gestión para la administración y para el donante supera en muchas ocasiones el importe de la subvención). ¿Es ésta la manera más eficiente y eficaz de alcanzar los objetivos explícitos, desgraciadamente sólo retóricos, de las políticas culturales? ¿Porque cuando comentas estos temas con colegas que han tenido cargos de responsabilidad política te confiesan que lograr modificar tan sólo un 10% de la distribución del presupuesto es ya una gran victoria? Está claro que para alcanzar impactos a largo plazo hay que dejar que las estrategias tengan suficiente continuidad. Ahora bien, ¿tanta?

La realidad latinoamericana es, dentro de su heterogeneidad, algo distinta. Los presupuestos per cápita dedicados a cultura no son solo bastante más reducidos que en España, sino que su continuidad brilla por la ausencia. Cada nuevo gobernante necesita diferenciarse de su antecesor con proyectos distintos, echando abajo la experiencia y la obra legada. En este contexto solo los equipamientos más prestigiosos (por ejemplo, los museos o teatro nacionales) o particularmente útiles para lograr fines políticos y dar de comer a la respectiva clientela partidista (los medios de comunicación públicos) consiguen mantenerse, una vez substituidos todos sus cargos de responsabilidad (y a veces hasta el último chófer) por personal fiel al nuevo gobernante.

Lejos de estos barrizales, los sociólogos norteamericanos Tepper y Frenette[3], en un texto en vías de publicación, señalan 5 grandes retos en la política cultural contemporánea: a) alentar que más ciudadanos participen de las artes y la cultura; b) asegurar que los artistas profesionales puedan desarrollar carreras sostenibles; c) afianzar la autonomía y la libertad de los artistas para expresarse y desafiar el statu quo; d) garantizar que las instituciones artísticas sean representativas de la diversidad creativa del país; y e) apoyar mercados robustos y de intercambio de innovación para que los consumidores y la ciudadanía tengan acceso a una cultura diversa e innovadora.

Si damos por buenas estas cinco prioridades genéricas (habría que añadir referencias al papel del patrimonio cultural, al contexto específico de cada ciudad o país y tener en cuenta los retos que planteo en el esquema adjunto), me pregunto si las actuales políticas culturales contemporáneas son las más adecuadas para alcanzar estos retos en una situación de cambio acelerado. En particular, cuando se dispone de unos recursos miserables que habría que administrar de forma muy cuidadosa

Después de años de observar la escasa eficiencia de la gestión pública en nuestras latitudes (debido a malos modelos de gobernanza, a procesos burocráticos garantistas y a la dificultad para incentivar adecuadamente los recursos humanos disponibles) uno se acaba decantando por dotar de muchos más recursos aquellas iniciativas gestionadas privadamente, pero con clara vocación de interés público. Esto englobaría tanto los proyectos de titularidad gubernamental administrados por terceros a través de procesos competitivos de externalización o de coproducción público-privada, como las iniciativas comunitarias, de la sociedad civil o de las empresas culturales que se presentan a subvención. La comparación entre recursos públicos destinados y resultados obtenidos entre la mayoría de teatros, festivales o museos de titularidad y gestión pública y sus equivalentes administrados privadamente es, en la mayor parte de casos, sangrando. Muy en particular cuando estas iniciativas nacen del mundo independiente, mucho más plural y creativo, expresión de la diversidad y el dinamismo social, a menudo más abiertos a cooperar de forma voluntaria y a auto-explotarse. Es evidente que no todo es positivo, pues la fragmentación tiene un coste en términos de eficiencia y de incorporación de innovación, pero la mayor diversidad de propuestas y capacidad de adaptación lo compensan.

No quisiera ser mal interpretado. No soy partidario de traspasar la dirección o los recursos públicos de cultura a manos privadas, sino de avanzar hacia un modelo de gobernanza más corresponsable, participativo y de distribución más equitativa de los presupuestos, manteniendo en muchos casos la titularidad en manos públicas. Ahora bien, la recién crisis económica y presupuestaria ha demostrado tristemente que las organizaciones culturales mejor trabadas institucionalmente, a pesar de ser a menudo menos eficientes, aguantan mejor los embates de los recortes que las iniciativas independientes, a pesar de ser muchas veces más creativas e innovadoras. La reducción a la mitad de los recursos públicos destinados a la cultura en España se ha saldado con el mantenimiento de la mayor parte de instituciones de titularidad pública (a costa de un importante recorte de su presupuesto de actividades), y con la desaparición por inanición de un gran número de iniciativas independientes o poco trabadas institucionalmente. Vista la experiencia y para evitar futuros riesgos es preferible depositar los huevos en varias cestas. Es decir, favorecer la existencia de un sistema mixto, lo más entrelazado posible, que comprometa a los diversos agentes presentes. Cuantos más actores diferentes, interdependientes entre sí, y con aspiraciones y procedentes de contextos muy variados, mucho mejor.

Por desgracia esta no es la dinámica dominante. Para evitar que la lógica político-electoral o la lógica de mercado no se lo trague todo en base a indicadores como el volumen de audiencia, el prestigio mediático o el impacto económico y social, es necesario instaurar un sistema más comprometido e interdependiente. Hay que evitar que la vida cultural se concentre sólo en los núcleos de las grandes capitales metropolitanas o se favorezca solo la programación de mayor audiencia. ¡Para llegar a este resultado no se necesitan políticas públicas!

Ahora bien, ¿necesitamos instituciones, equipamientos y proyectos ambiciosos, grandes y fuertes? La respuesta es sí, pero con contratos-programas que los obliguen a trabajar en red con los proyectos del territorio y en las iniciativas situadas en las respectivas fronteras estéticas y sociales. ¿Han de estar todos estos proyectos situados en las grandes capitales? La respuesta es no, sino que hay que continuar en todos los ámbitos posibles con la exitosa apuesta histórica para situar las grandes ferias en ciudades como Tàrrega, Olot, Vic o Manresa (y evaluar críticamente porque alguna de estos apuestas no acaba de funcionar) . Tenemos un país enormemente desequilibrado territorialmente, a lo que hay que sumar que todo el mundo la cultura tiende a concentrarse en las grandes ciudades. Sin menospreciar la suerte de contar con una capital de referencia internacional como Barcelona (imaginemos los países que no cuentan con grandes capitales de referencia internacional) y con artistas y proyectos de una enorme proyección, hay que apoderarse todo tipo de colectivos, proyectos y territorios para que asuman la innovación y la internacionalización con retos esenciales. Y hay que hacerlo reduciendo la desigualdad de acceso a la cultura y de pleno ejercicio de los derechos culturales entre grupos y colectivos sociales.[4]

El desafío es hacerlo sobre la base de presupuestos muy limitados (y con un modelo de gobernanza y administración pública enormemente ineficiente), en un momento en que la cultura no es percibida socialmente (y por los que toman las decisiones) como la columna vertebral del desarrollo. No podemos esperar grandes aumentos de los recursos públicos como antes de la crisis. En este contexto, hay que saber priorizar, impulsar cambios en los modelos institucionales (contratos-programas, modelos de gobernanza, sistemas de evaluación, etc.) y pensar estratégicamente a medio término. Por ejemplo, la Central del Circo es un espacio de titularidad municipal, con financiación pequeña pero estable por parte del gobierno de Cataluña y el Ayuntamiento de Barcelona, gestionado autónomamente por la asociación de compañías de circo. ¡Estoy convencido de que si fuera de titularidad y gestión pública sería mucho más ineficiente!

En cuanto a las subvenciones, habría que modificar profundamente el sistema (aunque el marco homogeneizador europeo no ayuda), reduciendo las ayudas a proyectos sueltos o de convocatoria anual (sin tiempo de obtener resultados y mucho menos impacto) para potenciar las ayudas a programas (no a proyectos) por periodos plurianuales. Los portugueses tienen sistemas de asesoramiento y seguimiento en las ayudas a tres años mucho más efectivos que el modelo hispánico centrado sólo en la suspicacia y no en los resultados. Hay que encontrar mecanismos con menos costes administrativos (compartiendo o externalizando funciones o responsabilidades) o capaces de incorporar recursos complementarios (por ejemplo, vía subvenciones condicionadas a microfinanciación participativa).

Ideas y experiencias internacionales para probar e implementar hay muchas. Sólo falta valentía, y mucho diálogo con juristas e interventores poco propicios a la innovación, a fin de cambiar un modelo claramente mejorable de gestión pública de la cultura.



[1] Nota (sintética) para los colegas latinoamericanos. La cultura política y la realidad social que sustentan las políticas culturales de Cataluña y de España tienen, más allá de algunas diferencias substantivas, mucho en común. Esto facilita la lectura del diagnóstico y de sus posibles soluciones. Cataluña y España comparten un mismo marco jurídico-administrativo y ciclo histórico (dictadura, transición democrática, incorporación a la UE, crecimiento económico y crisis posterior, etc.). Pero la realidad española es muy heterogénea por razones lingüísticas, sentimientos nacionales diferenciados, disponibilidad de recursos, estructura social, flujos migratorios, dinamismo de la sociedad civil o conectividad internacional. Y en muchas de estas cuestiones, Cataluña presenta un perfil particular. Con una consciencia nacional diferenciada (que se expresa en una muy mayoritaria opinión sobre tener derecho a decidir el propio futuro como sujeto político diferenciado), su sector cultural está muy enraizado en una sociedad civil más articulada, participativa y reivindicativa que la española. Esto explica el intento (fallido) de puesta en marcha de un modelo híbrido departamento de cultura - consejo de las artes (bajo el principio arm’s length), disponer desde hace años del modelo de contratos-programas y concursos para dirigir los equipamientos públicos, sistemas de cogestión y participación ciudadana, o tener un tejido cultural muy conectado internacionalmente.
[2] ENCATC: Red europea de centros de formación en gestión cultural
[3] Tepper, S. & Frenette, A. (in press). “Cultural policy”. In Grindstaff, Hall & Lo (Eds.) Handbook of cultural sociology. New York: Routledge.
[4] Recomiendo leer Barbieri, N. (2018) Es la desigualdad, también en cultura. Cultura y Ciudadanía. Pensamiento

Per un canvi del model de governança i de prioritats en la distribució dels pressupostos públics de cultura


En el darrer congrés d’ENCATC (la xarxa europea de centres de formació en gestió cultural) col·legues de la Universitat de Mälmo m’expliquen un exercici realitzat amb l’equip municipal de la seva ciutat. Es tractava de replantejar de zero el pressupost cultural, suposant que no tingués cap cost tancar programes i equipaments de llarga trajectòria, amb equips i audiències consolidades. El resultat després d’una llarga deliberació per part dels responsables municipals fou no modificar significativament les prioritats i el pressupost de cultura municipal. Quines raons poden explicar-ho tenint en compte la rapidesa amb la que canvien els comportaments i les necessitats culturals? Potser, la política cultural de Mälmo ha estat històricament tan flexible i dinàmica, ha sabut reinventar-se i deixar enrere les herències poc eficaces de manera que, avui, la distribució del seu pressupost i els seus programes donen una resposta adequada a les necessitats contemporànies. O, en sentit contrari, potser ens trobem davant d’uns professionals amb unes prioritats i valors conservadors, amb una relació endogàmica amb el sector, que no els permet qüestionar la proporció de recursos dedicats a biblioteques, museus, mitjans de comunicació, festivals, mediació intercultural o suport a la indústria cultural local.

Si portem el debat a casa nostra, probablement molts estaríem d’acord que la praxis de les polítiques públiques de suport a la cultura són particularment continuistes. Són el resultat d’un procés acumulatiu, amb escassa actualització envers un context i unes necessitats canviants. I, quan s’ha tancat un equipament o deixat de fer un programa, ha estat més fruit de la necessitat de retallar allò que tenia menys cost polític, que una resposta estratègica per assolir de forma eficaç, eficient i equitativa uns objectius definits després d’un reposat exercici de diagnòstic. I, aquesta escassa actualització, es dóna en un període de quasi quaranta anys (el que s’inicia als anys vuitanta, quan es posen el fonaments de l’actual política cultural) en el qual les formes d’expressió, consum i participació cultural han canviat radicalment empesos pel procés de digitalització, globalització i transformació demogràfica i política del nostre país.

La major part dels pressupostos públics es destinen a mantenir els equipaments culturals de titularitat pública (televisions, museus, teatres, auditoris, biblioteques o centres cívics de titularitat pública). Malgrat que una part d’aquests recursos s’utilitzen per contractar o adquirir obres i serveis produïts pel sector privat (sèries televisives, pel·lícules, producció d’exposicions, espectacles o llibres) la part del lleó es dedica a pagar salaris i a mantenir les infraestructures públiques (o fins a la crisi, a construir i equipar nous equipaments sense una planificació prou racional). El resultat observant els pressupostos de moltes administracions es que queden molt pocs recursos per ajudar o incentivar iniciatives independents. Unes engrunes miserables que es distribueixen amb escassa priorització i eficiència (el cost de gestió per a l’administració i pel donant supera en moltes ocasions l’import de la subvenció). Es aquesta la manera més eficient i eficaç d’assolir els objectius explícits, malauradament només retòrics, de les polítiques culturals? Perquè quan comentes aquests temes amb col·legues que han tingut càrrecs de responsabilitat política et confessen que assolir modificar tan sols un 10% de la distribució del pressupost és ja una gran victòria? Està clar que per assolir impactes a llarg termini cal deixar que les estratègies tinguin prou continuïtat. Ara bé, tanta?

En un text en vies de publicació, els sociòlegs nord-americans Tepper i Frenette[1] assenyalen 5 grans reptes en la política cultural contemporània: a) encoratjar que més ciutadans participin de les arts i la cultura; b) assegurar que els artistes professionals puguin desenvolupar carreres sostenibles; c) afermar l’autonomia i la llibertat dels artistes per expressar-se i desafiar l’statu quo; d) garantir que les institucions artístiques siguin representatives de la diversitat creativa del país; i e) recolzar mercats robusts i d'intercanvi d’innovació perquè els consumidors i la ciutadania tinguin accés a una cultura diversa i innovadora.

Si donem per bones aquestes cinc prioritats genèriques (caldria afegir referències al paper del patrimoni cultural, especificar-ho en el nostre context particular o tenir en compte els reptes de l'esquema adjunt), em pregunto si les actuals polítiques culturals del nostre país, amb uns recursos migrats que caldria administrar de forma molt curosa, són les més adequades per assolir aquests reptes en una situació de canvi accelerat. 

Després d’anys d’observar l’escassa eficiència de la gestió pública (degut a mals models de governança, a processos burocràtics garantistes i a la dificultat per incentivar adequadament els recursos humans disponibles) hom acaba decantant-se per dotar de molt més recursos aquelles iniciatives gestionades privadament però amb vocació d’interès públic. Això englobaria tant els projectes de titularitat governamental administrats privadament a través de processos competitius d’externalització o de coproducció publico-privada, com les iniciatives de la societat civil i de les empreses culturals que es presenten a subvenció. La comparació entre recursos públics destinats i resultats obtinguts entre un teatre, festival o museu de titularitat i gestió pública i els seus equivalents administrats privadament és, en la major part de casos, sagnant. Molt en particular quan la iniciativa neix del món independent, molt més plural i creatiu, expressió de la diversitat i el dinamisme social, sovint obert a cooperar de forma voluntària o a autoexplotar-se.

No voldria ser mal interpretat. No sóc partidari de traspassar la política cultural a mans privades, sinó d’avançar envers un model de governança més participatiu i de distribució més equitativa dels pressupostos, mantenint en molts casos la titularitat en mans públiques. La crisi ha demostrat tristament que les organitzacions culturals més ben travades institucionalment, malgrat ser sovint menys eficients, aguanten millor els embats de les retallades que les iniciatives independents, tot i ser moltes vegades més innovadores. La reducció a la meitat dels recursos públics destinats a la cultura s’ha saldat amb el manteniment de la major part d’institucions de titularitat pública (això si, amb una important retallada del seu pressupost d’activitats), i amb la desaparició per inanició d’un gran nombre d’iniciatives independents o poc travades institucionalment. Vista l’experiència i per evitar futurs riscos és preferible dipositar els ous en diversos paners. És a dir, afavorir l’existència d’un sistema mix, el més entrellaçat possible, que comprometi als diversos agents presents. Quants més actors diferents, amb aspiracions i de contextos ben variats, molt millor.

Per desgràcia aquesta no és la dinàmica dominant. Per evitar que la lògica político-electoral o la lògica de mercat no ho engoleixi tot en base a indicadors com el volum de l’audiència, el prestigi mediàtic o l’impacte econòmic i social, cal instaurar un sistema interdependent. Cal evitar que la vida cultural es concentri tan sols en els nuclis dels grans espais metropolitans o s’afavoreixi la programació de més audiència. Per arribar a aquest resultat no calen polítiques públiques! Ara bé, necessitem institucions, equipaments i projectes ambiciosos, grans i forts? La resposta és si, però amb contractes-programes que els obliguin a treballar en xarxa amb els projectes del territori i en les iniciatives situades en les respectives fronteres estètiques i socials. Han d’estat tots a Barcelona? La resposta és no, sinó que cal continuar en tots els àmbits possibles amb l’exitosa aposta històrica per situar les grans fires a ciutats com Tàrrega, Olot, Vic o Manresa (i avaluar críticament perquè alguna d’aquests apostes no acaba de funcionar). Tenim un país enormement desequilibrat territorialment, al que cal sumar que arreu del món la cultura tendeix a concentrar-se en les grans ciutats. Sense menystenir la sort de comptar amb una capital de referència internacional com Barcelona, i amb artistes i projectes d’una enorme projecció, cal apoderar tot tipus de col·lectius, projectes i territoris per tal que assumeixin la innovació i la internacionalització con a reptes essencials. I cal fer-ho reduint la desigualtat d’accés a la cultura i de ple exercici dels drets culturals entre grups i col·lectius socials.[2]

El desafiament és fer-ho sobre la base de pressupostos molt limitats (i amb un model de governança i administració pública enormement ineficient), en un moment en que la cultura no és percebuda socialment (i pels que prenen les decisions) com la columna vertebral del desenvolupament. No podem esperar grans augments dels recursos públics com abans de la crisi. En aquest context, cal saber prioritzar, impulsar canvis en els models institucionals (contractes-programes, models de governança, sistemes d’avaluació, etc.) i pensar estratègicament a mig terme. Per exemple, enlloc de donar suport a projectes solts de durada anual, amb resultats a curt termini i en general sense continuïtat, són preferibles fórmules que combinin responsabilitat governamental amb iniciativa privada independent. Tenim la sort de comptar amb bons exemples (domèstics i en l’entorn europeu o llatinoamericà) i el que cal és anar corregint errors, millorar resultats i disposar d’una certa flexibilitat per poder-los adaptar a realitats territorials i socials molt diverses (de l’Alt Pirineu als barris on es concentra la immigració extracomunitària). No es tracta, tan sols, de seleccionar bé (amb bons plecs de condicions) els directors o els projectes per dirigir per períodes limitats els equipaments culturals, sinó incorporar consell d’administració independents, formats per persones compromeses, que sumin sensibilitats heterogènies, que marquin prioritats i sàpiguen donar suport i controlar adequadament. Per exemple, la Central del Circ és un espai de titularitat municipal, amb finançament petit però estable per part de la Generalitat i l’Ajuntament de Barcelona, gestionat autònomament per l’associació de companyies de circ. Estic convençut que si fos de titularitat i gestió pública seria molt més ineficient!

Pel que fa a les subvencions, caldria modificar profundament el sistema (malgrat que el marc homogeneïtzador europeu no ajuda), reduint les subvencions de convocatòria anual (sense temps d’obtenir resultats i molt menys impacte) i ampliant les de període plurianual. Els portuguesos tenen sistemes d’assessorament i seguiment en les ajudes a tres anys molt més efectius que el model hispànic centrat només en la suspicàcia i no en els resultats. Cal trobar mecanismes amb menys costos administratius (compartint o externalitzant funcions o responsabilitats) o capaços d’incorporar recursos alternatius (per exemple, via subvencions condicionades a microfinançament participatiu).

Idees i experiències per anar provant i implementant n’hi ha moltes. Només falta valentia, i molt diàleg amb juristes i interventors poc propicis a la innovació, per tal de canviar un model clarament millorable de gestió pública de la cultura.



[1] Tepper, S. & Frenette, A. (in press). Cultural policy. In Grindstaff, Hall & Lo (Eds.) Handbook of cultural sociology. New York: Routledge.
[2] Barbieri, N. (2018) Es la desigualdad, también en cultura. Cultura y Ciudadanía. Pensamiento.

Impresiones de Kunming, China

Viajo a Kunming para participar como profesor invitado en la Escuela de verano de doctorado U40 sobre industrias culturales. Esta escuela reúne doctorandos y profesores de las universidades más prestigiosas de China en el ámbito de los estudios culturales. Para mí representa una experiencia única para conocer el país a partir de conversaciones con académicos y profesionales culturales.

Paisaje humano y patrimonio

Kunming es la capital de Yúnnán. Esta región suroccidental de China, de unos 400.000 Km2, es la más diversa del país tanto desde un punto de vista cultural como ecológico (la montaña más alta tiene 6.740 metros y el punto mas bajo 76 m.), con alta montaña, bosques tropicales, terrazas de arroz o plantaciones de té y café. El lugar más famoso es la mítica, hoy recreada, Shangri-la; pero cuenta con 5 lugares únicos declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Yúnnán ha sido históricamente el nudo de comunicación entre China, el Tibet, la península Indochina y la India. Cuenta actualmente con unos 50 millones de habitantes, de una gran pluralidad de etnias diferentes, algunas de ellas transfronterizas con Myanmar, Vietnam o Laos. La etnia Han representa casi el 70% de los habitantes y hay 25 nacionalidades reconocidas, cada una de ellas con su lengua y costumbres (alguna de ellas, como la mongol, formada por las familias de los antiguos soldados imperiales). Desde el inicio de la conquista china (s. II aC), se dieron pequeñas oleadas inmigratorias Han; pero no será hasta la dinastía Ming, a finales del siglo XIV, que no comenzará un flujo migratorio significativo, con el objetivo de controlar con personal de confianza las provincias fronterizas. Hasta ese momento, durante los períodos de ocupación china, se pacta el control del territorio y el pago de impuestos con las diversas oligarquías o reinos locales. Ya en el siglo XX, la presencia Han  se acentúa durante la ocupación japonesa y la guerra civil posterior (muchas élites chinas se refugian aquí), la revolución cultural (era un destino para disidentes) o, recientemente, gracias a la buena calidad de vida de la región.

Cuesta encontrar información sobre la evolución histórica y las tensiones entre comunidades para dominar las mejores tierras de cultivo, controlar el comercio, el acceso a los recursos hídricos o a otras fuentes de riqueza, ya que el discurso oficial relata una historia de convivencia idílica entre las diversas etnias. Las autoridades chinas presentan Yúnnán como un modelo de respeto a la diversidad cultural, en contraposición a la violencia existente en el noroeste del país. Se da una exaltación de la diversidad cultural - reconocimiento público, explotación turística y posibilidades de desarrollo económico y cultural - pero por otro lado hay una folklorización que termina banalizando la diferencia.

Un esteticismo que juega un papel muy importante en el momento de atraer población y turistas hacia una idealización de la vida rural, las tradiciones étnicas o de la cultura clásica china, o incluso del paisaje. Los paisajes naturales y los jardines bien cuidados tienen mucha importancia en toda Asia oriental. Una tradición, presente ya en la pintura clásica china o japonesa, bien visible en las combinaciones florales o en los parques públicos (vale la pena disfrutar de las flores de loto, la combinación de árboles y los reflejos en el agua, por ejemplo, en el céntrico lago Verde de Kunming). Un atractivo muy apreciado por el turismo doméstico consiste en las recreaciones paisajísticas, no sólo las famosas terrazas de arroz que forman parte de la lista del patrimonio mundial de la UNESCO, sino los espectáculos paisajísticos que recrean una vida natural idealizada.

Patrimonio intangible y tangible cumplen un papel político y económico. Hay que tener en cuenta la importancia que la revolución dio a las consignas escritas, los murales educativos o las fotos gigantes de los líderes y las esculturas en el espacio público. La preservación de algunas edificaciones juega también un papel importante. Sin embargo, éstas tienen que competir con un modelo urbanístico especulativo desbordado. Se restauran o reproducen los monumentos más importantes, pero no su entorno. El resultado es la descontextualización de edificios y monumentos en un espacio público en rapidísima transformación y pérdida de identidad.

Peor es la situación del patrimonio políticamente incómodo, como los vestigios de la importantísima influencia francesa de la primera mitad del siglo XX, cuando se pone en marcha el ferrocarril Hanoi-Kunming, al ser considerado durante décadas como un legado colonial, contrarrevolucionario. No obstante, una parte muy importante de la modernidad entra en China por esta vía, y es una lástima que desaparezca de la memoria colectiva.

El idioma también juega su papel. La imposición del mandarín (el chino de Beijing) en el ámbito institucional, educativo y comunicativo tiene por objetivo homogeneizar el país, haciendo irrelevantes en la práctica no sólo los idiomas de cada etnia, sino también los dialectos locales (casi lenguas independientes) de la propia población Han.

Para entender la estrategia gubernamental vale la pena visitar en Kunming los vecinos museo y parque de las nacionalidades étnicas. El museo contiene una buena colección etnológica centrada en vestidos y ornamentos tradicionales, instrumentos de música, artefactos de la vida cotidiana y del campo, o sistemas de escritura y comunicación, entre otros. La revolución cultural destruyó cantidades ingentes de monumentos, objetos y documentos (la gran mayoría de textos eran de temática religiosa y se guardaban en los monasterios); también reprimió muchas expresiones del patrimonio intangible del país. La colección tiene, como archivo de estos pueblos, una gran importancia patrimonial. Sin embargo, su discurso museológico es esteticista, poco crítico y desarraigado de las comunidades que pretende mostrar. Nada que ver con las propuestas de la nueva museología etnográfica establecida en Occidente hace ya casi cincuenta años. Más allá de un mapa inicial con las localizaciones geográficas de las 25 nacionalidades étnicas, falta contexto histórico, político, antropológico y sociológico. En los paneles y cartelas no se da la cronología de los objetos expuestos ni explicaciones sobre la evolución histórica, o del contexto ecológico, ideológico-religioso y socioeconómico respectivo. Las colecciones se presentan ordenadas por temas pero mezclando objetos de los diferentes grupos étnicos, con lo que no se entienden las diferencias entre comunidades, como si fuera lo mismo vivir en la alta montaña, en las orillas bajas de los grandes ríos, o en los bosques tropicales. Tampoco se presenta el patrimonio inmaterial (no se pueden escuchar ni visualizar las músicas, danzas o tradiciones gastronómicas), ya que en teoría esto se presenta en el vecino Parque de las nacionalidades, ni se explican las influencias de otras culturas, o las vivencias de los grupos étnicos transfronterizos con Vietnam o Myanmar. No obstante, la antropóloga que nos acompaña durante la visita, a medida que planteo preguntas de fondo se muestra más receptiva, aportando interpretación contextual de enorme utilidad.

El museo no se plantea estrategias conjuntas con las comunidades étnicas que presenta, más allá de las visitas de grupos de niños o ancianos. Tampoco la tienda (en manos privadas) dispone de una estrategia de apoyo a la comercialización o mejora de la producción artesanal de las comunidades, como ocurre en museos etnológicos de otros países. Simplemente, ofrece lo que puede tener interés para los visitantes, a precios bastante más altos que en las tiendas de artesanías de la ciudad, ya que según explica la gerente quieren dar calidad y diferenciarse del recuerdo turístico. Cuando planteo la ideoneidad de ciertos cambios, los expertos con los que hablo no creen que el museo cambie de orientación.

Muy cerca del museo, en el umbral con el lago Dianchi, se encuentra el gran parque de las nacionalidades étnicas. Réplicas de construcciones, rodeadas de lagunas, representativas de las 25 nacionalidades reconocidas, son animadas con actividades y espectáculos por miembros de cada etnia vestidos con la respectiva ropa típica. El parque, de gestión gubernamental y con un precio de entrada relativamente alto (pero gratuito para jubilados y muy barato para determinados grupos locales), atrae muchos turistas y emplea a muchos miembros de las comunidades. También ayuda a preservar la identidad de los diversos grupos. Sin embargo, como en cualquier parque de entretenimiento, las expresiones que se presentan tienden a edulcorar y simplificar la realidad, y la espectacularidad gana la partida al rigor y a la autenticidad. Es decir, la venta de recuerdos y comida, los elefantes engalanados o los espectáculos exóticos acaban ganando la partida.

Vida cotidiana

Kunming es una ciudad meridional, un lugar donde la vida se toma con más calma que en las grandes metrópolis del país. Por la noche, en el centro, la gente pasea, come en la calle o juega a cartas. Al atardecer, en las inmediaciones del lagoVerde, la gente se junta desinhibida para bailar o hacer música, tanto étnica como occidental. Uno de los bailes se parece a la sardana, ya que se danza agarrados de la mano en círculo. Esta actividad permite que los miembros de las comunidades étnicas se reencuentren, y que muchos otros socialicen y se lo pasen bien.

Ahora bien, la ciudad está experimentando un enorme crecimiento (en 1980 tenía sólo 561 mil habitantes, hoy cuenta con casi 4 millones, y el distrito supera los 7 millones). Los nuevos edificios de vivienda son altísimos, pero desgraciadamente con pocos servicios y zonas verdes alrededor. Como en muchas otras grandes ciudades chinas los rótulos publicitarios son constantes, y los contrastes entre la máxima modernidad y lujo, y la precariedad y mal estado de muchas infraestructuras es enorme. La mayoría de edificios de viviendas de hace más de treinta años muestran un aspecto exterior degradado, con las ventanas y balcones enrejados hasta el último piso (parece que debido a la inseguridad de los años noventa). Los aularios de las facultades antiguas no sólo están bastante deteriorados sino que no tienen aseos; éstos están en un edificio específico, probablemente antiguas letrinas. Los baños de las residencias universitarias o de muchos restaurante dan un poco de asco. La limpieza no es, sin duda, el fuerte de este país.

La carrera hacia el bienestar basada en el mercado y el crecimiento económico acelerado genera grandes expectativas pero también muchos desequilibrios estructurales e impacto social. La emigración de los jóvenes del campo a la ciudad es galopante dada la precariedad económica de los agricultores y la prosperidad aparente de la vida urbana. Los ricos pueden permitirse coches caros, viajar al extranjero, intercambiar favores para hacer negocios y pagar productos costosos. Pero en un país donde hay que pagar por la educación y la sanidad, y la vivienda es cada vez más cara, la lucha por ganar dinero se convierte en la prioridad número uno. El ahorro de toda una familia se invierte en la compra de la vivienda para que los chicos puedan obtener el visto bueno de la familia de la novia para casarse. La presión es alta. La política del hijo único (ahora ampliada a dos) presiona a ambas generaciones. Por un lado, los padres quieren casar el hijo para ser abuelos, pero éste a menudo tiene que marchar a la ciudad a trabaja, o perder mucho tiempo cada día desde los barrios periféricos más baratos, dejando los hijos bajo la custodia de los abuelos. Por otro lado, el hijo único casi no puede contar con la asistencia de los servicios sociales cuando le toca cuidar unos padres enfermos o envejecidos. En los pueblos existe la solidaridad vecinal, pero en la ciudad es más difícil.

De día el sol pega fuerte, lo que hace subir las nubes de tormenta propios de la temporada veraniega de lluvias. Es época monzónica y si te coge un aguacero fuerte quedas empapado. Mucha gente, en particular las mujeres, usan el paraguas para protegerse tanto del sol como de la lluvia, y es común ver gente con bozal para protegerse de la contaminación o del sol. Al mismo tiempo, la buena climatología - Kunming está situada a 1.900 metros sobre el nivel del mar, pero a la altura del trópico de cáncer (por eso es conocida como la ciudad de la eterna primavera) - hace que haya un gran número de ciclomotores y bicicletas, compitiendo con peatones y coches. En las grandes avenidas tienen un carril lateral para ellos que es un peligro intentar cruzar. El código de circulación se sigue de forma sui generis, ya que motos y bicicletas cruzan los semáforos en rojo o usan los pasos de peatones cuando les conviene. No sólo no usan casco, sino que en una motocicleta pueden viajar 2 adultos y un par de niños, además de los paquetes. La mayoría son eléctricas y no hacen ruido, con lo que hay que tener mucho cuidado. Los coches son los únicos que respetan los semáforos y los límites de velocidad, y en relación a visitas anteriores a China, mucho más los pasos de peatones. El servicio de autobús urbano es muy barato (25 céntimos de Euro el trayecto), así como los taxis (a pesar de que la gasolina está a un Euro el litro) y están construyendo 6 líneas de metro a velocidad vertiginosa.

El comercio sigue siendo una parte central de la vida de la ciudad, con un peso relevante de la comunidad islámica. Sin embargo, los precios y el mercado está fuertemente dualizado. Algunos productos cuestan lo mismo que en Europa con lo que ya no es tan atractivo comprar en China como  una década atrás. Hay que vigilar especialmente en determinados bares o tiendas de moda, ya que pueden ser realmente caros. Ahora bien, el coste de los productos corrientes, comprados en mercados públicos, son baratos para nosotros pues se ajusta bastante al poder adquisitivo de la gente.

Uno de los lugares que vale la pena visitar son los mercados de productos frescos, por la vitalidad humana y la diversidad de productos en oferta; una verdadera orgía de verduras y setas exóticas, carnes marinadas, pescados y marisco vivo ... Eso si, hay que estar preparado para algunas imágenes y olores fuertes, no contradictorio con la presencia omnipresente de los móviles y del mundo digital. Alguna carnicería muestra en vídeo la vida de sus cerdos en las granjas como reclamo de calidad mientras vende la carne sin ningún tipo de protección o refrigeración Algunas vendedoras van vestidas con los trajes típicos de su etnia, haciendo el conjunto muy atractivo para aquellos fotógrafos que busquen imágenes de impacto. La diversidad y situación geográfica de la región no sólo impulsa un mercado de productos naturales muy variado sino también de artesanías muy bonitas y coloridas.

La experiencia gastronómica

Visito Kunming durante el mes de julio, en plena estación de setas en la región de Yúnnán. Como en cualquier punto de China, ofrecer un buen banquete con mucho más comida de la que se pueda acabar es una señal de hospitalidad fundamental. Durante la semana que estoy en la ciudad tengo la oportunidad de conocer un gran repertorio de la gastronomía local. Si los desayunos son ya un compendio de manjares (fideos, huevos, arroz, verduras y sopa, acompañado de leche de soja) los banquetes del mediodía y la tarde sobresalen por la cantidad, variedad y calidad. Como en toda esta parte del país, la comida es bastante picante (ajo, guindilla y pimienta), con una gran mezcla de platos que puedes ir picando repetidamente de la mesa giratoria: verduras varias (mayoritariamente cocidas), pollo, ternera, albóndigas, pescado, langostinos, fideos de arroz, soja en diversas texturas, sopa, arroz blanco o con verduritas, etc.

Evidentemente, el resultado es que impulsado por la curiosidad acabas comiendo mucho más de lo necesario a lo largo de las tres comidas diarias. No se entiende como los chinos están en general tan flacos. En esta temporada la sopa de setas y varias platos de setas fritas con guindillas son un requisito muy apreciado.

Las tres setas básicas son los níscalos, los rebozuelos y los boletos. En la sopa ponen también otras setas que no soy capaz de identificar. En el mercado contabilizado una quincena de especies diferentes. La comida se acompaña de té verde, a veces zumos de fruta y, en festines de mucha categoría báijiǔ, un licor de alta graduación. En una de las cenas, el par de botellas que nos bebemos, y con el que brindamos repetidamente, resulta ser más caro que el resto de la cena (unos 400 € la botella). Si bien la comida cotidiana en casa o en la calle es mucho más simple (un tazón acompañado de arroz y a menudo también de sopa, o la venta ambulante de pinchos de carne o soja frita) en el self-service del centro de las industrias culturales, la diversidad de ingredientes a mezclar en la bandeja metálica supera de largo los menús del día de nuestro país. El único aspecto negativo de la experiencia gastronómica es la suciedad que se percibe en los suelos y mesas pegajosas de los restaurantes a unos aseos y unas cocinas que no pasarían los estándares de limpieza occidentales.

Como en la mayor parte de culturas, comer es un acto social importante, donde se intercambian bromas y estrechan relaciones. En mi experiencia, no se aprovecha para hablar de negocios. En cambio, la ceremonia del té si que cumple un papel protocolario y de presentación de intenciones. Hay que tener en cuenta que estamos en la región con el mejor té de China. El de mayor calidad proviene de árboles centenarios, algunos de más de quinientos años. Las hojas se recogen y se preservan, ya que como el vino, cuando más años tiene bueno es. La primera vez que las hojas infusiona, se tira el té ya que sirve sólo para limpiarlas. Se empieza a servir y beber, añadiendo agua caliente sin cambiar las hojas. Se considera que a partir de la cuarta infusión el té coge el color y el sabor correctos.

Digitalización y poder

El gobierno chino ha impuesto grandes restricciones a buena parte de las redes sociales o servicios de internet globales (facebook, twitter, google ...), sustituyéndolos por réplicas nacionales, algunas de ellas muy eficientes. Esta estrategia de control y desconexión tiene efectos particularmente negativos para un ámbito particularmente necesidad de interconexión con la comunidad internacional como es el académico. En general se nota la diferencia entre los investigadores que han vivido en el extranjero, van a congresos y están al día de lo que ocurre en el mundo, de aquellos que viven recluidos en el sistema endogámico chino. Por visitante extranjero, no poder acceder a los servidores y redes sociales habituales es francamente incómodo. Cuando intentas utilizar las aplicaciones chinas no sólo están controladas o tienen reducidos los enlaces, sino que muchas no están en inglés. Debes espabilarte sin el buscador, el mapa u otros servicios de google, además de tener bloqueada la dirección de gmail.

Ahora bien, el nivel de digitalización de la sociedad es brutal. Una de las aplicaciones con más éxito es WeChat, una especie de WhatsApp pero más dinámico. Lo primero que hace cualquiera que te conoce consiste en pedirte compartir el QR de tu tarjeta de visita digital. Al mismo tiempo, la mayor parte de pequeños pagos se hacen con la tarjeta monedero del móvil, factor que ha reducido el uso de otros medios, muy en particular las tarjetas de crédito convencionales. Otra red social de éxito consiste en compartir vídeos breves o interpretaciones de canciones en karaoke.

El partido comunista chino cuenta con 89 millones de afiliados, una cifra espectacular, la mayor parte cooptados por el sistema entre los jóvenes con dotes de liderazgo y capacidad profesional. Ser miembro del partido es casi la única manera de progresar profesionalmente (el 2014, de las 22 millones de solicitudes presentadas para convertirse en miembro del partido, sólo 2 millones fueron aceptadas). Pero también implica ciertas contrapartidas, como la obligación de realizar tareas de supervisión de vecinos, colegas o alumnos; todo tiene un coste. He hablado con varios estudiantes y profesores que son miembro y que en privado poder ser críticos con muchos aspectos del sistema. Han nacido y saben moverse dentro de un sistema autoritario que sin embargo tiene sus márgenes. Han aprendido a prever los peligros, a protegerse y a saberse escabullirse cuando conviene de exigencias excesivas. En una sociedad con unos valores tan contradictorios -el país más capitalista del mundo conducido por un partido comunista - el relativismo ideológico y los comportamientos ambiguos son muy frecuentes.

En la vida cotidiana no se nota la represión o el control político. El país se conduce en base a consignas y en las decisiones de los líderes. Desde la cúspide del poder se emiten los objetivos y lemas que en cascada los diversos funcionarios deben aplicar. Discursos, presentaciones de proyectos o incluso algunas intervenciones académicas los utilizan para legitimarse. En el mundo académico o en el sector de la cultura te puedes encontrar con dos grandes tipos de actitud. Por un lado, aquellos que siguen acríticamente las consignas dentro de la ortodoxia del sistema, con discursos vacíos y escaso pensamiento y acción crítica. Por otro lado, aquellos que, sin poner en peligro su carrera o posición, muestran posturas más innovadoras o críticas, actitud que hasta cierto punto son bien vistas en determinadas posiciones o círculos.

Las jerarquías son importantes. Los actos de inauguración y clausura son aburridísimos, con discursos largos y mucha retórica reiterativa. Cada uno conoce y respeto su lugar. La relación de los estudiantes con los profesores es de gran respeto. Cuando te acercas a uno de ellos de forma cercana quedan enormemente agradecidos. En un país tan jerárquico sorprende el escaso formalismo en la vestimenta. Sólo los profesores mayores van en camisa formal, pero incluso los cargos públicos sin traje y corbata. Casi todo el mundo viste a la occidental, y las camisetas llevan mensajes en inglés (no veo ninguna con caracteres chinos). Sólo las mujeres mayores utilizan trajes tradicionales. Entre los jóvenes hay muchos menos tatuajes, pantalones desgarrados, pendientes o cortes de pelo exagerados que en Europa. Quizás hay menos tribus urbanas o simplemente no se quiere destacar exageradamente.

Tengo la oportunidad de visitar una antigua fábrica metalúrgica y de armamento que ocupa unas 30 hectáreas. Un espacio enorme de titularidad y gestión gubernamental que quiere acabar siendo un parque de entretenimiento y cultura. El coordina Lin Xioayan, un artista presente también en el famoso distrito 798 de arte de Beijing. Dentro de tres años tendrá acceso directo al centro en metro, y está previsto que haya un hotel, varios lugares para fiestas de boda, además de galerías de arte, tiendas y centros culturales. De momento, el alquiler de espacios es gratuito con el objetivo de atraer público y productoras. Una enorme inversión pública (hay que pagar 200 salarios al mes, aparte de la inversión de rehabilitación de estructuras y edificios). Una magnitud de recursos públicos inimaginable en Occidente!

Y todo esto ocurre en una ciudad del Sur-Oeste chino cuyo nombre desconoce la inmensa parte de la población mundial.

Impressions de Kunming, Xina


Viatjo a Kunming per participar com a professor convidat a l’Escola d’estiu de doctorat U40 sobre indústries culturals. Aquesta escola reuneix doctorands i professors de les universitats més prestigioses de Xina en l’àmbit dels estudis culturals. Per a mi representa una experiència única per conèixer el país a partir de converses amb acadèmics i professionals culturals.

Paisatge humà i patrimoni

Kunming és la capital de Yúnnán. Aquesta regió sud-occidental de Xina, d’uns 400.000 Km2, és la més diversa del país tant des d’un punt de vista cultural com ecològic (la muntanya més alta té 6.740 metres i el punt mes baix 76 m.), amb alta muntanya, boscos tropicals, terrasses d’arròs o plantacions de te i cafè. El lloc més famós és la mítica, avui recreada, Shangri-la; però compta amb 5 llocs únics declarats patrimoni de la humanitat per la UNESCO.

Yúnnán ha estat històricament el nus de comunicació entre el Tibet, la Xina, la península Indoxinesa i l’Índia. Compta actualment amb uns 50 milions d’habitants, d’una gran pluralitat d’ètnies diferents, algunes d’elles transfrontereres amb Myanmar, Vietnam o Laos. L’ètnia Han representa quasi el 70% dels habitants i hi ha 25 nacionalitats reconegudes, cada una d’elles amb la seva llengua i costums (alguna d’elles, com la manxú, formada per les famílies dels antics soldats imperials). Des de l’inici de la conquesta xinesa (s. II aC), es varen donar petites onades immigratòries Han; però no serà fins a la dinastia Ming, a finals del segle XIV, que no començarà un flux migratori significatiu, amb l’objectiu de controlar amb personal de confiança les províncies frontereres. Fins aquell moment, durant els períodes d’ocupació xinesa, es pacta el control del territori i el pagament d’impostos amb les diverses oligarquies o regnes locals. Ja al segle XX, la presència Han s’accentua durant l’ocupació japonesa i la guerra civil posterior (moltes elits xineses es refugien aquí), la revolució cultural (era un destí per a dissidents) o recentment donada la bona qualitat de vida de la regió.

Costa trobar informació sobre l’evolució històrica i les tensions entre comunitats per dominar les millors terres de conreu, controlar el comerç, l’accés als recursos hídrics o a altres fonts de riquesa, ja que el discurs oficial relata una història de convivència idíl·lica entre les diverses ètnies. Les autoritats xineses presenten Yúnnán com un model de respecte a la diversitat cultural, en contraposició a la violència existent al nord-oest del país. Es dóna una exaltació de la diversitat cultural –reconeixement públic, explotació turística i possibilitats de desenvolupament econòmic i cultural – però per un altre cantó hi ha una folklorització que acaba banalitzant la diferència.

Un esteticisme que juga un paper molt important en el moment d’atreure població i turistes cap una idealització de la vida rural, les tradicions ètniques o de la cultura clàssica xinesa, o fins i tot del paisatge. Els paisatges naturals i els jardins ben cuidats tenen molta importància en tota l’Àsia oriental. Una tradició, present ja en la pintura clàssica xinesa o japonesa, ben visible en les combinacions florals o en els parcs públics (val la pena gaudir de les flors de lotus, la combinació d’arbres i els reflexes en l’aigua per exemple en el cèntric llac Verd de Kunming). Un atractiu molt apreciat pel turisme domèstic consisteix en les recreacions paisatgístiques, no només les famoses terrasses d’arròs que formen part de la llista del patrimoni mundial de la UNESCO, sinó els espectacles paisatgístics que recreen una vida natural idealitzada.

Patrimoni intangible i tangible compleixen un paper polític i econòmic. Cal tenir en compte la importància que la revolució donà a les consignes escrites, als murals educatius o a les fotos gegants dels líders i les escultures en l’espai públic. La preservació de certs monuments també juga un paper important. Tanmateix, aquests han de competir amb un model urbanístic especulatiu desbordat. Es restauren o reprodueixen els monuments més importants, però no el seu entorn. El resultat és la descontextualització d’edificis i monuments en un espai públic en rapidíssima transformació i pèrdua d’identitat.

Pitjor és la situació del patrimoni políticament incòmode, com ara els vestigis de la importantíssima influència francesa de la primera meitat del segle XX, quan es posa en marxa el ferrocarril Hanoi-Kunming, al ser considerat durant dècades com un llegat colonial, contrarevolucionari. No obstant, una part molt important de la modernitat entra a Xina per aquesta via, i és una llàstima que s’estigui esborrant de la memòria col·lectiva.

L’idioma també juga el seu paper. La imposició del mandarí (el xinès de Beijing) en l’àmbit institucional, educatiu i comunicatiu té per objectiu homogeneïtzar el país, fent irrellevants a la pràctica no només els idiomes de cada ètnia, sinó també els dialectes locals (quasi llengües independents) de la pròpia població Han.

Per entendre l’estratègia governamental val la pena visitar a Kunming els veïns museu i parc de les nacionalitats ètniques. El museu conté una bona col·lecció etnològica centrada en vestits i ornaments tradicionals, instruments de música, artefactes de la vida quotidiana i del camp, o sistemes d’escriptura i comunicació, entre altres. La revolució cultural destruí quantitats ingents de monuments, objectes i documents (la gran majoria de textos existents eren de temàtica religiosa i es guardaven en els monestirs); també reprimí moltes expressions del patrimoni intangible del país. La col·lecció té, com arxiu d’aquests pobles, una gran importància patrimonial. No obstant, el seu discurs museològic és esteticista, poc crític i desarrelat de les comunitats que pretén mostrar. Res a veure amb les propostes de la nova museologia etnogràfica establerta a Occident fa ja quasi cinquanta anys. Més enllà d’un mapa inicial amb les localitzacions geogràfiques d’on estan establertes les 25 nacionalitats ètniques, falta context històric, polític, antropològic i sociològic. En els panells i cartel·les no es dóna la cronologia dels objectes exposats ni explicacions sobre l’evolució històrica, o del context ecològic, ideològic-religiós i socioeconòmic respectiu. Les col·leccions es presenten ordenades per temes però barrejant objectes dels diferents grups ètnics, amb el que no s’entenen les diferències entre comunitats, com si fos el mateix viure a l’alta muntanya, en les ribes baixes dels grans rius, o en els boscos tropicals. Tampoc es presenta el patrimoni immaterial (no es poden escoltar ni visualitzar les músiques, danses o tradicions gastronòmiques), ja que en teoria això es presenta en el veí Parc de les nacionalitats, ni s’expliquen les influències d’altres cultures, o les vivències dels grups ètnics transfronterers amb el Vietnam o Myanmar.

El museu no es planteja estratègies conjuntes amb les comunitats ètniques que presenta, més enllà de les visites a grups de nens o d’avis. Tampoc la botiga (en mans privades) disposa d’una estratègia de suport a la comercialització o millora de la producció artesanal de les comunitats, com passa en museus etnològics d’altres països. Simplement, ofereix allò que pot tenir interès pels visitants a preus força alts, ja que segons explica la gerent volen donar qualitat i diferenciar-se del record turístic. L’antropòloga que ens acompanya durant la visita, a mesura que plantejo preguntes de fons es mostra més receptiva, aportant interpretació contextual d’enorme utilitat. Tanmateix, alguns experts amb els que parlo no creuen que el museu canviï d’orientació.

Molt a prop del museu, al llindar amb el llac Dianchi, es troba el gran parc de les nacionalitats ètniques. Rèpliques de construccions, envoltades de llacunes, representatives de les 25 nacionalitats reconegudes, són animades amb activitats i espectacles per membres de cada ètnia vestits amb la respectiva roba típica. El parc, de gestió governamental i amb un preu d’entrada relativament alt (però gratuït pels jubilats i molt barat per determinats grups locals), atreu molts turistes i dóna feina a molts membres de les comunitats. També ajuda a preservar la identitat dels diversos grups. Tanmateix, com en qualsevol parc d’entreteniment, les expressions que es presenten tendeixen a edulcorar i simplificar la realitat, i l’espectacularitat guanya la partida al rigor i a l’autenticitat. Es a dir, la venda de records i menjar, els elefants engalanats o els espectacles exòtics acaben guanyant la partida.

Vida quotidiana

Kunming és una ciutat meridional, un lloc on la vida es pren amb més calma que en les grans metròpolis del país. Al capvespre, al centre, la gent passeja, seu i menja al carrer o juga a cartes. Als voltants del llac Verd, la gent s’ajunta desinhibida per ballar o fer música, tant ètnica com occidental. Un dels balls s’assembla a la sardana, ja que es dansa en rotllana. Aquesta activitat permet que els membres de les comunitats ètniques es retrobin, i que molt altres socialitzin i s’ho passin bé.

Ara bé, la ciutat està experimentant un enorme creixement (l’any 1980 tenia només 561 mil habitants, avui compta amb quasi 4 milions, i el districte supera els 7 milions), amb nous edificis d’habitatge altíssims, però malauradament amb pocs serveis i zones verdes al voltant. Com en moltes altres grans ciutats xineses els rètols publicitaris són constants, i els contrastos entre la màxima modernitat i luxe, i la precarietat i mal estat de moltes infraestructures és enorme. La majoria d’edificis d’habitatges de fa més de trenta anys mostren un aspecte exterior deixat, amb les finestres i balcons enreixats fins el darrer pis (sembla que degut a la inseguretat dels anys noranta). Els aularis de les facultats antigues no només estan força degradats sinó que no tenen lavabos; has d’anar en un edifici específic, probablement antigues latrines. Els banys de les residències universitàries o de molts restaurant fan força angunia. La neteja no és, sens dubte, el fort d’aquest país.

La carrera cap el benestar basada en el mercat i el creixement econòmic genera grans expectatives però també molts desequilibris estructurals. L'emigració dels joves del camp a la ciutat és galopant donada la precarietat econòmica dels agricultors i la prosperitat aparent de la vida urbana. Els rics es poden permetre cotxes cars, viatjar a l’estranger, intercanviar favors per fer negocis i pagar productes costosos. Però en un país on cal pagar per l’educació i la sanitat, i l’habitatge és cada cop més car, la lluita per guanyar diners esdevé la prioritat número u. L’estalvi de tota una família s’inverteix en la compra de l’habitatge per tal que els nois puguin obtenir el vistiplau de la família de la núvia per casar-se. La pressió sobre els fills és alta. La política del fill únic (ara ampliada a dos) pressiona a ambdues generacions. Per un cantó, els pares volen casar el fill per ser avis, però aquest sovint ha de marxar a la ciutat a treballa, o perdre molt temps cada dia des dels barris perifèrics més barats per anar a treballar, deixant els nets sota la custodia dels avis. Per altre cantó, el fill únic quasi no pot comptar amb els serveis socials quan li toca cuidar uns pares malalts o envellits. En els pobles existeix la solidaritat veïnal, però en la ciutat és més difícil.

De dia el sol pica fort, fet que fa pujar els núvols de tempesta propis de la temporada estiuenca de pluges. És època monzònica i si t'agafa un ruxat qudes ben moll. Molta gent, en particular les dones, van en paraigües per protegir-se tant del sol com de la pluja, i és comú veure gent amb un morrió per protegir-se de la contaminació o el sol. Al mateix temps, la bona climatologia –Kunming està situada a 1.900 metres sobre el mar però a l’alçada del tròpic de càncer (per això és coneguda com la ciutat de l’eterna primavera)– fa que hi hagi un gran nombre de ciclomotors i bicicletes, competint amb vianants i cotxes. En les grans avingudes tenen un carril lateral per ells que és un perill intentar creuar-lo. El codi de circulació se segueix de forma sui generis, ja que motos i bicicletes creuen semàfors en vermell o usen els passos de vianants quan els convé. No només no usen casc, sinó que en una motocicleta poden viatjar 2 adults i un nen, a més dels paquets. La majoria són elèctriques i no fan soroll, amb el que cal anar molt en compte. Els cotxes són els únics que respecten els semàfors i els límits de velocitat, i en relació a visites anteriors a Xina, molt més els passos de vianants. El servei d’autobús urbà és molt barat (25 cèntims d’Euro el trajecte), així com els taxis (malgrat que la benzina està a un Euro el litre) i estan construint 6 línies de metro a velocitat vertiginosa.

El comerç continua sent una part central de la vida de la ciutat, amb un pes rellevant de la comunitat islàmica. Tanmateix, els preus i el mercat està fortament dualitzat. Alguns productes costen el mateix que a Europa amb el que ja no es tan atractiu comprar com fa una dècada. Cal vigilar especialment en determinats bars o botigues de moda, ja que poden ser molt cars. Ara bé, el cost dels productes corrents, comprats en mercats públics, s’ajusta força al poder adquisitiu de la gent.

Un dels llocs que val la pena visitar són els mercats de productes frescos, per la vitalitat humana i la diversitat de productes en oferta; una veritable orgia de verdures i bolets exòtics, carns marinades, peixos i marisc viu ... Això si, cal estar preparat per algunes imatges i olors fortes, no contradictori amb la presència omnipresent dels mòbils i del món digital. Alguna carnisseria mostra en vídeo la vida dels seus porcs a les granges com a reclam de qualitat. Algunes venedores van vestides amb els vestits típics de la seva ètnia, fent el conjunt molt atractiu pel fotògrafs que busquin imatges d’impacte.  La diversitat i situació geogràfica de la regió no només impulsa un mercat de productes naturals molt variat sinó també d’artesanies molt boniques i acolorides.

L’experiència gastronòmica

Visito Kunming durant el mes de juliol, en plena estació de bolets a la regió de Yúnnán. Com en qualsevol punt de la Xina, oferir un bon banquet amb molt més menjar del que es pugui acabar és un senyal d’hospitalitat fonamental. Durant la setmana que estic a la ciutat tinc l’oportunitat de conèixer un gran repertori de la gastronomia local. Si els esmorzars són ja un compendi de menges diverses (fideus, ous, arròs, verdures i sopa, acompanyat de llet de soja) els banquets del migdia i el vespre excel·leixen per la quantitat, varietat i qualitat. Com en tota aquesta part del país, el menjar es força picant (molt all, bitxo i pebre), amb una gran barreja de plats que pots anar picant repetidament de la taula giratòria: verdures diverses (majoritàriament cuites), pollastre, vedella, mandonguilles, peix, llagostins, fideus d’arròs, soja en diverses textures, sopa, arròs blanc o amb verduretes, etc. 

Evidentment, el resultat és que impulsat per la curiositat acabes menjant molt més del necessari en tots tres àpats diaris. No s’entén que els xinesos estiguin en general força magres. En aquesta temporada la sopa de bolets i diverses plates amb bolets fregits amb força bitxo són un requisit molt apreciat. 
Els tres bolets bàsics són els rovellons, els rossinyols i els ceps. A la sopa hi posen també altres bolets que no sóc capaç d’identificar. I al mercat comptabilitzo una quinzena d’espècies diferents. El menjar s’acompanya de te verd, a vegades sucs de fruita i, si el festí és de molta categoria, de báijiǔ, un licor d’alta graduació. En un dels sopars, el parell d’ampolles que ens bevem, i amb el que brindem repetidament, resulta ser més car que la resta del sopar (uns 400€ l’ampolla). Si be el menjar quotidià a casa o al carrer és molt més simple (un bol de menges diverses acompanyades d’arròs i sovint també de sopa, o la venda ambulant de pinxos de carn o soja fregida) en el self-service del centre de les indústries culturals, la diversitat d'ingredients a barrejar en la safata metàl·lica supera de llarg els menús del dia del nostre país. L’únic aspecte negatiu de l’experiència gastronòmica és la brutor que es percep arreu, des dels terres i taules enganxifosos dels restaurants a uns lavabos i unes cuines que no passarien els estàndards de neteja occidentals.

Com en la major part de cultures, menjar és un acte social important, on s’intercanvien bromes i s’estrenyen relacions. En la meva experiència, no s’aprofita per parlar de negocis. En canvi, la cerimònia del te si que compleix un paper protocol·lari i de presentació d’intencions. Cal tenir en compte que som en la regió amb el millor te de la Xina. El de més qualitat prové d’arbres centenaris, alguns de més de cinc-cents anys. Les fulles es cullen i es preserven, ja que com el vi, quan més anys té més bo és. El primer cop que les fulles s’infusionen, es llença el te ja que serveix només per netejar-les. Es comença a servir i a beure, afegint aigua calenta sense canviar les fulles. Es considera que a partir de la quarta infusió el te agafa el color i el sabor correctes.

Digitalització i poder

El govern xinès ha imposat grans restriccions a bona part de les xarxes socials o serveis d’internet globals (facebook, twitter, google ...), substituint-los per rèpliques nacionals, algunes d’elles molt eficients. Aquesta estratègia de control i desconnexió te efectes particularment negatius per un àmbit particularment necessitat d’interconnexió amb la comunitat internacional com és l’acadèmic. En general es nota la diferència entre els investigadors que han viscut a l’estranger, van a congressos i estan al dia de què passa al món, d’aquells que viuen reclosos en el sistema endogàmic xinès. Pel visitant estranger, no poder accedir als servidors i xarxes socials habituals és francament incòmode. Quan intentes utilitzar les aplicacions xineses no només estan controlades o tenen reduïts els enllaços, sinó que moltes no estan en anglès. Has d’espavilar-te sense el buscador, el mapa o altres serveis de google, a més de tenir bloquejada l’adreça de gmail.

Ara bé, el nivell de digitalització de la societat és brutal. Una de les aplicacions amb més èxit és WeChat, una espècie de WhatsApp però més dinàmic. El primer que fa qualsevol que et coneix consisteix en demanar-te compartir el QR de la teva targeta de visita digital. Al mateix temps, la major part de petits pagaments es fan amb la targeta moneder del mòbil, factor que ha reduït l’ús d’altres mitjans, molt en particular les targetes de crèdit convencionals. Una altra xarxa social d’èxit consisteix en compartir vídeos breus o interpretacions de cançons en karaoke.

El partit comunista xinès compta amb 89 milions d’afiliats, una xifra espectacular, la major part cooptats pel sistema entre els joves amb dots de lideratge i capacitat professional.
Ser membre del partit és quasi l’única manera de progressar professionalment (el 2014, de les 22 milions de sol·licituds presentades per esdevenir membre del partit, només 2 milions foren acceptades). Però també implica certes contrapartides, com l’obligació de realitzar tasques de supervisió de veïns, col·legues o alumnes; tot té un cost. He parlat amb diversos estudiants i professors que en són membre i que en privat poder ser crítics amb molts aspectes del sistema. Han nascut i saben moure’s dins d’un sistema autoritari que tanmateix té els seus marges. Han après a preveure els perills, a protegir-se i a saber-se escapolir quan convé d’exigències excessives. En una societat amb uns valors tan contradictoris –el país més capitalista del món conduit per un partit comunista – el relativisme ideològic i els comportaments ambigus són molt freqüents.

En la vida quotidiana no es nota la repressió o el control polític. El país es condueix en base a consignes i a les decisions dels líders. Des de la cúspide del poder s’emeten els objectius i lemes que en cascada els diversos funcionaris han d’aplicar. Discursos, presentacions de projectes o fins i tot algunes intervencions acadèmiques els utilitzen per legitimar-se. En el món acadèmic o en el sector de la cultura et pots trobar amb dos grans tipus d’actitud. Per un cantó, aquells que segueixen acríticament les consignes dins l’ortodòxia del sistema, amb discursos buits i escàs pensament i acció crítica. Per altre cantó, aquells que, sense posar en perill la seva carrera o posició, mostren postures més innovadores o crítiques, actitud que fins a cert punt són ben vistes en determinades posicions o cercles.

Les jerarquies són importants. Els actes d’inauguració i clausura són avorridíssims, amb discursos llargs i molta retòrica reiterativa. Cadascú coneix i respecte el seu lloc. La relació dels estudiants amb els professors és de gran respecte. Quan t’apropes a un d’ells de forma propera queden enormement agraïts. En un país tan jeràrquic sorprèn l’escàs formalisme en la vestimenta. Només els professors més grans van en camisa formal, però fins i tot els càrrecs públics van sense americana i corbata. Quasi tothom vesteix a l’occidental, i les samarretes porten missatges en anglès (no en veig cap amb caràcters xinesos). Només les dones grans utilitzen vestits tradicionals. Entre els joves hi ha molts menys tatuatges, pantalons estripats, arracades o talls de cabells exagerats que a Europa. Potser hi ha menys tribus urbanes o simplement no es vol destacar exageradament.

Tinc l’oportunitat de visitar una antiga fàbrica metal·lúrgica i d’armament que ocupa unes 30 hectàrees. Un espai enorme de titularitat i gestió governamental que vol acabar sent un parc d’entreteniment i cultura. El coordina Lin Xioayan, un artista present també al famós districte 798 d'art de Beijing. D’aquí a tres anys tindrà accés directe al centre en metro, i està previst que hi hagi un hotel, diversos llocs per festes de casament, a més de galeries d’art, botigues i centres culturals. De moment, el lloguer d'espais és gratuït amb l’objectiu d’atreure públic i productores. Una enorme inversió pública (cal pagar 200 salaris al mes, a part de la inversió de rehabilitació d’estructures i edificis). Una magnitud de recursos públics inimaginable a Occident!

I tot això passa en una ciutat del Sud-Oest xinès el nom del qual desconeix la immensa part de la població mundial.

Implicaciones socioeconómicas de la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco

Para introducir el Año Europeo del Patrimonio Cultural, Cartaditalia, Rivista di cultura italiana, acaba de publicar en italiano, alemán, francés e inglés un número extraordinario con aportes de expertos sobre los temas críticos que afectan el patrimonio cultural del continente. El artículo que me pidieron se centra en analizar críticamente las implicaciones socioeconómicas de la Lista de Patrimonio cultural de la Unesco.* La Convención del Patrimonio Mundial, cultural y natural de 1972 pone en marcha un proceso de selección de aquellos monumentos o espacios patrimoniales con un excepcional valor universal desde el punto de vista histórico, científico, artístico, estético, etnológico o antropológico.


Desde los inicios, está claro que la evolución de la vida social y económica, y no el natural paso del tiempo, es la principal causa de deterioro del patrimonio heredado. Pero ello parece no preocupar a buena parte de los actores locales y nacionales que proponen la inclusión de un sitio en la Lista. ¿Cómo gestionar el conflicto de miradas e intereses? ¿Cómo transformar un sitio protegido por la Convención en un impulsor de desarrollo humano de las comunidades circundantes sin que la propia dinámica económica, turística y social ponga en peligro su salvaguarda y conservación? Este es, sin duda, uno de los principales retos de los modelos de gestión sostenible de un patrimonio de valor excepcional.

Con el objetivo de controlar el proceso de propuesta, selección y protección del patrimonio incluido en la Lista se crea en 1992 el Centro de Patrimonio Mundial. El Comité de Patrimonio Mundial es el organismo con potestad para seleccionar, incluir o excluir los sitios en la Lista. La elección de los miembros responde a una lógica de equilibrio y distribución geográfica, pero termina siendo el resultado del intercambio de favores entre países para ocupar cargos de responsabilidad en los diversos organismos internacionales. En los últimos años el Comité ha recibido bastantes críticas dado el sesgo favorable a candidaturas provenientes de los países presentes en el Comité (Meskell, 2015). Asimismo, crece la exigencia de una mayor participación de la comunidad local en el proceso de nominación y la gestión de los sitios, con el objetivo de hacer permeable hacia la sociedad y sustentable a largo plazo los modelos de gestión. De todas formas esta medida no está exenta de riesgos, pues la inscripción de un sitio en la Lista es percibida por muchos actores locales como un inductor de prestigio y desarrollo socioeconómico. Esto explica el creciente número de solicitudes y la presión sobre los miembros del Comité.

Dada la heterogeneidad de casos, y las polémicas e intereses que conlleva su inclusión, es importante plantearse el conjunto de implicaciones políticas y socio-económicas que intervienen en cada caso.
Un primer aspecto a tener en cuenta cuando se analiza el impacto socioeconómico de los bienes declarados patrimonio mundial es su gran heterogeneidad. El impacto a nivel socioeconómico de un centro histórico bien definido y reputado contrasta con aquellos sitios de difícil acceso o con escaso reconocimiento más allá de los especialistas. Los problemas de protección o el impacto de actuaciones vandálicas son muy superiores en patrimonios aislados, vulnerables o frágiles, o en aquellos situados en zona de alta conflictividad social, que en los que disponen de recursos y ejecutan un plan de gestión bien diseñado.

En los últimos años se ha puesto énfasis en la consecución de dinámicas de desarrollo sustentables. Existe, evidentemente, un cierto abuso retórico del término ’sostenibilidad` ligado a la corrección política tanto por parte de los responsables gubernamentales como del propio sector profesional del patrimonio. La experiencia acumulada muestra los riesgos asociados a la dinámica económica y turística, tanto en lo que se refiere a la conservación como a las implicaciones socioeconómicas hacia las comunidades locales circundantes. Esta situación ambivalente genera entre los profesionales del patrimonio una posición ambigua, alimentada por la tradicional reluctancia a compartir poder de decisión con actores sin el suficiente nivel de instrucción y sensibilidad. Se busca, pero al mismo tiempo se teme, una “excesiva” apropiación o “instrumentalización” de dicho patrimonio de “excepcional valor universal” por parte de los diversos grupos de residentes locales y sus intereses materiales y simbólicos asociados.

Se contraponen, así, argumentos positivos asociados a la apropiación social y a sus implicaciones socioeconómicas, pero emergen también desafíos negativos fruto de una deficiente relación con la comunidad. Entre los positivos destaca el aporte de recursos y empleo a la comunidad local transformando su realidad socioeconómica y, en consecuencia, mejora la percepción simbólica de sus miembros con el sitio patrimonial. Asimismo, las instituciones patrimoniales ven aumentar los fondos públicos y privados disponibles –y las oportunidades de trabajo – gracias a una mayor legitimidad social de la protección y puesta en valor de los bienes patrimoniales. Por lo que respecta a los desafíos negativos, sobresale la falta de diálogo y comprensión mutua entre el punto de vista de los expertos y la regulación patrimonial y los intereses de la comunidad. Ésta ve a menudo limitados sus derechos de propiedad o el uso tradicional del entorno patrimonial, y al mismo tiempo observa impotente la apropiación por terceros de la capacidad de decisión y de buena parte de los beneficios inducidos por la explotación comercial del patrimonio. En este contexto de escaso diálogo o de marginación de la comunidad local aparecen fenómenos de adulteración o instrumentalización del patrimonio y su entorno, y una cierta permisividad hacia comportamientos destructivos, incívicos o vandálicos.

En la medida que, de forma creciente, la Convención es considerada no solo un instrumento clave para la preservación y puesta en valor del patrimonio, sino como un inductor directo de desarrollo, emergen conflictos de interés de carácter económico, político, social y simbólico entre los diversos stakeholders presentes (profesionales e instituciones del patrimonio, industria turística, proveedores de servicios, residentes locales, etc.). La cuestión reside en deslindar los beneficios y costes de los distintos modelos de gestión posibles y su adaptación a cada caso particular, sus efectos multiplicadores, y la distribución de dichos beneficios y costes entre los distintos stakeholders o receptores pasivos (por ejemplo, residentes no organizados o turistas). Por esta razón, comprometer en la defensa del patrimonio y en una distribución justa de costes y beneficios a grupos de interés con valores e intereses contrapuestos es particularmente importante, y al mismo tiempo complejo. En función del modelo de participación propuesto y de la acción o inacción –más o menos sesgada – de las autoridades y de los responsables de gestionar el bien patrimonial se puede generar distintos niveles de satisfacción o de frustración social. Para conseguir un verdadero desarrollo sostenible es necesario superar la inercia burocrática, la falta de datos y métricas, o las fuerzas económicas externas que generan fallos de gestión y el no empoderamiento de la comunidad.

En los sitios y ciudades de mayor renombre, el stress provocado por el turismo de masas hacia el patrimonio, así como sobre la población local, se acentúa. Europa concentra buena parte de estos casos dado la preeminencia del viejo continente como principal destino turístico mundial, tanto en lo que afecta a monumentos y paisajes, pero muy en particular en los centros históricos las ciudades más emblemáticas y alrededor de los espacios patrimonio mundial. En estos contextos, es crucial disponer de un buen modelo de gestión y, aun y su dificultad, de indicadores para medir los umbrales de sostenibilidad y las externalidades negativas de dicho fenómeno. Pero al mismo tiempo es importante entender la actividad económica generada y sus efectos multiplicadores más allá de la industria turística (hospedaje, restauración, transporte, animación turística) y de sus servicios asociados (financieros, seguros, comercio, etc.). En el ámbito estrictamente cultural, el turismo patrimonial tiene efectos positivos sobre los profesionales dedicados a la conservación patrimonial o la mediación cultural, así como entre los artesanos y otros oficios artísticos.

Uno de los primeros indicadores utilizados, inicialmente solo en el ámbito del patrimonio natural, consistió en medir la capacidad de carga física del espacio por una sobrecarga de visitantes. Una mirada más hedónica ha permitido evolucionar hacia el concepto de capacidad de acogida. Ésta tiene en cuenta tanto los aspectos relativos al recurso patrimonial físico –deterioro, costes de restauración y mantenimiento –, como la calidad de la propia visita –goce, aprendizaje, satisfacción–, teniendo en cuenta una diversidad de usos y actividades alternativas. Pero para conseguir un verdadero desarrollo sostenible, se debería añadir a los indicadores de preservación del recurso y de satisfacción de los visitantes, indicadores que midieran los efectos a medio plazo de las transformaciones socioeconómicas y culturales sobre la población local. La dificultad de tal empresa, adaptada a cada caso y contexto, explica el escaso desarrollo de este tipo de estudios, aun y su importancia cara a las alternativas de gestión de los sitios y a la negociación entre los actores involucrados.

Idealmente, cada grupo de interés podría evaluar el sumatorio de efectos positivos y negativos sucedidos en un periodo determinado, y negociar con los demás agentes medidas compensatorias. De todas formas, es complejo comparar resultados tangibles –como por ejemplo el coste de mantenimiento, el número de visitantes, los puestos de trabajo generados, o el incremento del coste de vida para el residente local – con percepciones individuales o colectivas tales como el prestigio, el aprendizaje o el placer.  Dificultad que aumenta en función de la información disponible, distribuida asimétricamente, las mediciones interesadas de algunos agentes, u otros factores internos y externos que inciden en el impacto. Evidentemente, la realización exclusiva de estudios de impacto económico explicita una dimensión al tiempo que omite las demás, reforzando los intereses particulares de determinados agentes.

El compromiso internacional y la mayor visibilidad comporta, en muchos países, una redistribución asimétrica de la inversión pública y privada en el conjunto de la oferta patrimonial, y muy en particular de la disponibilidad continuada de recursos económicos, técnicos y humanos. A un nivel más micro, a menudo implica una modificación de la normativa urbanística y una transformación de la tipología de actividades económicas presentes, con un incremento claro del sector turístico, así como de los servicios asociados al patrimonio. Este conjunto de cambios tiene efectos en los usos sociales del territorio y en la estructura social, aspectos que terminan por transformar los valores y comportamientos sociales y culturales. No es fácil medir dichos cambios y, en particular, la percepción subjetiva de los mismos por parte de las comunidades afectadas, pues está en función de la experiencia previa, la velocidad del cambio y la capacidad para internalizarlo. En muchos casos, la percepción invasiva del turismo se reduce cuando el flujo crece lentamente, aunque en valores absolutos sea muy alto.

La imposición de unos intereses sobre los demás, o la existencia o no de negociaciones entre agentes con fuerza asimétrica está en base de las tensiones existentes en el proceso de nominación y en los posteriores modelos de gestión. Tradicionalmente, los objetivos intrínsecos (protección y puesta en valor del patrimonio) han dominado, aunque sea retóricamente, sobre objetivos extrínsecos tales como el desarrollo socioeconómico. Sin embargo, éste acostumbra a ser la finalidad implícita de la mayoría de propuestas de inclusión. En un mundo donde el patrimonio flota entre ser moneda de cambio de la identidad o convertirse en palanca de valor y desarrollo, entre la apropiación de una esencia y el enriquecimiento a través de la experiencia (Greffe, 2014), la dimensión e impacto socioeconómico del mismo adquiere un papel cada vez más determinante.



* El presente texto es una síntesis del artículo publicado: BONET, L. (2017), “The socio-economic implications of the UNESCO World Heritage List”, Cartaditalia, Rivista di cultura italiana (Special edition for the European Year of Cultural Heritage). Bruxelles: Instituto Italiano di Cultura di Bruxelles & Bertelsmann, November, v. II, p. 300-321.